Desde hace varios meses (¿años?) un motivo frecuente de discusión es la posición de los economistas liberales ante el Gobierno de Macri. Se pasó de un apoyo crítico en las elecciones de 2015 a un apoyo cada vez más crítico o directamente a la oposición pura y dura. Estas discusiones incluso crearon una pequeña grieta entre los liberales.
En este blog quisiera aportar mi humilde visión. Sostengo que la posición más sana es la de un apoyo crítico limitado principalmente a lo electoral pero muy crítico en todos los demás aspectos.
Antes de seguir, hay tres aspectos que deben quedar en claro antes de todo análisis.
En primer lugar, este Gobierno no es liberal ni pretende serlo. Desde lo discursivo el Presidente se considera desarrollista y Marcos Peña como socialista. El gabinete está conformado por muchos ex-miembros de gobiernos peronistas y varios funcionarios tuvieron elogios para Perón y Evita. Una de las patas de Cambiemos, la UCR, forma parte de la Internacional Socialista. Las bases de este "modelo económico" fueron y son el aumento del gasto y la obra pública. Se aumentaron los planes sociales. Los subsidios a la clase media disminuyeron pero no se eliminaron. Prácticamente todo lo que era estatal el 10 de diciembre de 2015 sigue siéndolo y seguramente así seguirá (diría todo, pero quizás me olvide de algo). Más allá de las burradas de los kirchneristas y la izquierda que catalogan a Cambiemos como "neoliberal"solo hacen gala de su ignorancia supina.
En segundo lugar, todos los economistas liberales coinciden en que en este país hacen falta cambios de raíz. Se podrán discutir algunos aspectos como el monetario, pero en líneas generales nadie duda de la necesidad de una reforma del Estado. En este sentido correctamente se caracteriza a Cambiemos como una continuación de más de setenta años de decadencia.
Pero en tercer lugar llegan los dilemas: Por más malo que sea Cambiemos nadie puede dudar que el kirchnerismo era infinitamente peor. En el caso del gobierno de Macri podemos hablar de un gobernante tibio o incluso inútil. Pero en el caso del gobierno de Cristina la situación era más delicada. Se trataba de una narco-cleptocracia con aspiraciones totalitarias, que tenía a Venezuela como modelo. Por eso ninguno de nosotros lo pensó ni medio segundo y en noviembre de 2015 pusimos la boleta de Macri y Michetti en la urna. Dos años después la situación es más compleja, y ese cheque en blanco quedó sin fondos, porque aunque al momento de votarlos ya sabíamos que nada iba a cambiar en realidad en el fondo teníamos un mínimo atisbo de esperanza.
Entonces ¿cuál es la postura correcta? Yo pienso que lo conveniente es un apoyo crítico fundamentalmente electoral. Se quiera o no Cambiemos es la única opción no peronista que puede gobernar. Que el PJ no gobierne en el país y tampoco en la Provincia de Buenos Aires es un logro importantísimo y sería un gran retroceso que volvieran.
Después, en todo lo demás, en el día a día, no hay que guardarse críticas. No solo desde lo económico, también desde lo político. Lo de Caputo, lo de Triaca, lo de Díaz Gilligan, lo de Rafecas, todo es completamente criticable y solo un fanático cerrado se haría el desentendido. En el presente criticar y votarlos, y construir una alternativa liberal a futuro (ya sea dentro de Cambiemos o por fuera).
¿Es esta postura censurable? ¿Es una traición? Churchill dijo una vez "Si Hitler invadiera el infierno yo al menos hablaría bien del diablo en la Cámara de los Comunes". Muchas veces la fuerza de las circunstancias lleva a apoyar a sectores que normalmente serían adversarios. En este caso la derrota del kirchnerismo llevó al voto a Cambiemos. Y creo que ese apoyo no debe perderse. No hay a la vista ninguna renovación del peronismo. El PJ en su reconstrucción está llevando a todo lo peor de su partido (Cristina, Massa, Moyano, etc.) y por más heridos que estén siguen siendo un enemigo a derrotar. Y hoy la forma de terminar de derrotarlos en votando a Cambiemos.
En 1852 cuando fue necesario derrotar a Rosas los unitarios no tuvieron problemas en aliarse con los federales. Para enfrentar al peronismo en 1946 los radicales, los demoprogresistas, los socialistas y los comunistas se aliaron porque sabían que en frente había un enemigo mucho peor. Y en los últimos días del Proceso los partidos hicieron a un lado sus diferencias para formar la Multipartidaria y reclamar el regreso a la democracia.
Probablemente muchos piensen que esta postura es funcional al macrismo. Probablemente otros crean que es funcional al peronismo. Pero en realidad es funcional a la independencia de los sectores liberales.
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